Cómo elegir una centrífuga de laboratorio: 5 claves para acertar

Elegir una centrífuga de laboratorio no consiste únicamente en comparar velocidades o capacidades. Para encontrar el equipo adecuado es importante tener en cuenta el tipo de muestra, los recipientes que utilizamos, la fuerza centrífuga necesaria, la temperatura de trabajo y la configuración del rotor.

Antes de elegir entre las distintas centrífugas de laboratorio, conviene revisar estas cinco claves.

 

1. ¿Qué tipo de muestras vas a centrifugar?

El primer paso es definir qué muestras y recipientes utilizas habitualmente.

No necesita el mismo equipo un laboratorio que trabaja principalmente con microtubos que otro que procesa tubos de mayor volumen, criotubos o microplacas.

Por eso, antes de comparar modelos, conviene revisar:

  • el volumen de los tubos;
  • sus dimensiones;
  • el número de muestras por tanda;
  • y el tipo de recipiente empleado.

Para trabajos con pequeños volúmenes, por ejemplo, una minicentrífuga como Minicen puede ser una opción adecuada. Incorpora un rotor para 12 tubos de 1,5–2 ml y reductores para determinados formatos de menor volumen.

2. ¿Cuántas muestras necesitas procesar a la vez?

La capacidad de la centrífuga debe adaptarse al ritmo de trabajo real del laboratorio.

No siempre es necesario elegir el equipo con mayor capacidad. Si normalmente trabajas con pocas muestras, una centrífuga compacta puede resultar más práctica. Si, por el contrario, necesitas procesar diferentes formatos o un mayor número de tubos, puede ser más interesante valorar una centrífuga universal.

La centrífuga Digicen 22, por ejemplo, permite trabajar con diferentes configuraciones de rotor para microtubos, criotubos, microplacas y otros recipientes.

La clave es pensar en el uso cotidiano, no solo en la capacidad máxima indicada en la ficha técnica.

3. No te fijes solo en las RPM

Este es uno de los puntos que más dudas genera al comparar centrífugas.

Las RPM indican las revoluciones por minuto del rotor, pero no indican directamente la fuerza que recibe la muestra.

Para ello debemos fijarnos en la fuerza centrífuga relativa, FCR o RCF, expresada en × g.

Esta fuerza depende de la velocidad y también del radio del rotor. Por eso, dos centrífugas que trabajan a las mismas RPM pueden aplicar una fuerza centrífuga diferente.

En la práctica, lo importante es comprobar que la combinación de centrífuga y rotor permite alcanzar las condiciones indicadas en el protocolo de trabajo.

Por tanto, antes de elegir un equipo conviene preguntarse:

¿Qué FCR necesita realmente mi aplicación?

4. ¿Necesitas refrigeración?

No todas las aplicaciones requieren trabajar a temperatura controlada.

Sin embargo, cuando el protocolo exige mantener las muestras en determinadas condiciones térmicas, una centrífuga refrigerada puede ser necesaria.

En estos casos, conviene revisar no solo el rango de temperatura del equipo, sino también las condiciones de trabajo que necesitas alcanzar con el rotor y la velocidad utilizados.

Dentro de la gama de INILAB encontramos, por ejemplo, la centrífuga refrigerada modelo 4000 para tubos y placas, que permite trabajar con control de temperatura y diferentes configuraciones de rotor.

La refrigeración debe entenderse como una necesidad del procedimiento, no simplemente como una prestación adicional.

5. El rotor y los adaptadores también forman parte de la elección

Uno de los errores más habituales es elegir primero la centrífuga y dejar el rotor para el final.

Sin embargo, la compatibilidad entre centrífuga, rotor, adaptadores y recipientes es fundamental.

Existen diferentes configuraciones, como rotores angulares o rotores oscilantes, y cada una puede adaptarse mejor a determinadas aplicaciones.

Antes de adquirir el equipo conviene confirmar:

  • qué rotor incluye;
  • qué tubos admite;
  • si necesita adaptadores;
  • cuántas posiciones ofrece;
  • y qué fuerza máxima permite alcanzar.

En muchos casos, una misma centrífuga puede cubrir distintas aplicaciones simplemente cambiando la configuración del rotor.

Entonces, ¿qué centrífuga necesita tu laboratorio?

No existe una única centrífuga adecuada para todos los laboratorios.

La mejor elección es la que combina correctamente:

muestra + recipiente + capacidad + fuerza centrífuga + temperatura + rotor.

Por eso, antes de comparar modelos, es recomendable tener claro qué recipientes utilizas, cuántas muestras procesas por tanda y qué condiciones exige tu protocolo.

En INILAB disponemos de diferentes soluciones de centrifugación para laboratorio, desde minicentrífugas hasta equipos universales y refrigerados.

Si tienes dudas sobre qué configuración necesitas, puedes contactar con nuestro equipo y te ayudaremos a valorar la opción más adecuada para tu aplicación.